Mi vida en un blog

 

 

 

Me llamo Jaimonides y nací en el Madrid de la posguerra. Mis recuerdos sobre esta etapa de mi vida suelen ser grises y sombríos, no se si por la influencia de los documentales y películas de la época, siempre en blanco y negro, o porque no son verdaderos recuerdos, sino escenas oníricas, pues dicen los que de esto entienden, que los sueños son también, generalmente, en blanco y negro. Y más en blanco y negro todavía están los recuerdos que preceden a mi nacimiento, mis antecedentes familiares, las vidas de donde procede la mía. Porque estas vidas las he visto a través de un agujero ínter temporal abierto hacia el pasado gracias al genial invento del francés Jules Richard, el “verascope”, puesto muy de moda entre los aficionados a la fotografía en las postrimerías del siglo XIX y primeros años del XX y sorprendentemente relegado al olvido en la actualidad. Mi abuelo Manuel era un gran fotógrafo aficionado y dominaba y usaba esta técnica. Durante toda mi infancia y adolescencia me recreé  con sus vistas estereoscópicas, tan reales que era como adentrarme en su propia vida. Entre 1909 y 1935, había venido recogiendo año tras año, en su “veráscopo”, un riquísimo reportaje de la vida diaria a su alrededor. Y cada una de las escenas allí retratadas me fueron luego narradas con tanto detalle y tanto cariño, que las tengo como si yo mismo formara parte de ellas, aunque a gran parte de  los protagonistas no llegué ni a conocerles, porque cuando yo empecé a ver, oír, oler, tocar y gustar, ya habían dejado este mundo.

El verascopo

De pequeños, mis hermanos y yo pasábamos tardes enteras contemplando las “vistas” del abuelo Manuel, realizadas con una cámara estereoscópica Jules Richard. Las vistas se introducían en un pequeño cajoncillo de madera con unos binoculares graduables, se enfocaba hacia algún punto de luz y la escena fotografiada se veía en sus tres dimensiones y con tal sensación de realidad, que uno podía sentirse dentro de ella, como formando parte de lo que allí se estaba haciendo en el momento en el que se realizó la fotografía. Al dicho cajoncillo con el que se miraban las vistas le llamábamos también, el “veráscopo” y como no se podía usar más que de uno en uno, nos lo quitábamos de las manos. Nos reuníamos toda la familia y el veráscopo, cargado con una vista que era comentada por alguno de los mayores, iba pasando en círculo de mano en mano, o por ser más exactos de ojos a ojos.

 

Así íbamos conociendo la vida de nuestros abuelos, sus hijos, su ambiente, amistades y el tipo de vida que se hacía en aquellos tiempos anteriores a nuestro nacimiento, que a nosotros se nos hacían lejanísimos, pero que en realidad no distaban más allá de veinte o treinta años.

 

Ahora que está tan de moda la “recuperación de la memoria histórica”, quiero yo recuperar mi propia memoria familiar y personal, no sea que el altzeimer se me lleve mas pronto que tarde los no demasiados recuerdos que guardo en mis cajones y en la sesera. ¡Ay si estuviera aquí la tía Nines!. Cuanto lamento no haberle sacado y conservado todo lo que ella guardaba en su prodigiosa memoria, pero se marchó un día casi sin avisar. Así que intentaré hacerlo con mis propios recursos y apoyándome en las imágenes del veráscopo y otras fotografías.

 

Eh aquí una de las primeras vistas que se conservan de las tomadas por el abuelo Manuel y que es en si misma todo un reportaje. Lástima que la visión estereoscópica no pueda aplicarse al ordenador, porque perdemos la sensación de estar dentro de la escena, típica de esta técnica.

 

 

 

 

 

 

 

La diligencia Guadalajara – Sacedón en el empalme de El Berral (24, junio, 1909)

 

Así viajaban. Y ya ves, no hace tanto tiempo. Los mismos medios de transporte de siglos anteriores. La diligencia partía de Sacedón, de forma que los viajeros de Alcocer tenían que emplear previamente de dos a  tres horas para ir a Sacedón, andando, en carro o a caballo.  

La diligencia va cargadita, tanto de personas como de bultos. Poco podrían correr, con esta carga, los dos pares de mulas. Obsérvese la escalera para subir a la plataforma de los equipajes. ¡Utilitaria y manejable! En cuanto al estado de la carretera, todavía en mi niñez las he conocido así. ¡Oh tempore! 

La fotografía está tomada el 24 de julio de 1909. El hombre que aparece en primer término es mi bisabuelo, Gregorio Sendín García-Hidalgo, padre de mi abuela Paz y tío carnal, a su vez de mi abuelo Manuel. El joven con sombrero es su sobrino Gregorio, hijo de su hermano Juan Felipe Sendín, el prócer de la familia, ilustre político y senador del reino en varias legislaturas y propuesto para virrey de Filipinas, nombramiento que rechazó.

Antecedentes remotos

El antecedente más remoto que guardo de los orígenes de mi linaje por vía materna, se remite a una ejecutoria de hidalguía de un tal Francisco Sendín, vecino de la villa de Yepes, en Toledo, expedida por el emperador Carlos V en 1545.  Mi hermano Pedro guarda el documento original del pleito, escrito en primorosa letra gótica, con ilustraciones, en 37 páginas de pergamino. En el se van narrando, de forma farragosa y repetitiva, con el aburrido lenguaje propio de escribanos y abogados, los pormenores del proceso, que comienza a instancia de Francisco Sendín en 1542 y termina con la expedición de la ejecutoria de hidalguía en 1545 y en la ciudad de Granada, do andaría por esa época el emperador.

 

He pretendido copiar, por darle un poco de animación gráfica a este relato, las dos primeras páginas del documento.  La primera de ellas es la carátula. Dice:

“Executoria  A ppedimiento De Francisco Sendín

Vecino de la Villa de Yepes”

La segunda, inicia la enumeración de los títulos del emperador Carlos y reproduce el escudo de los Sendín.

 

Pero, confieso mi fracaso. Cada página ocupa más de los 1,5 megas que se admiten en el blog y no he sabido continuar. Ya encontraré otro día el modo de hacerlo

Dolores García Hidalgo

Desde esa primera mitad del siglo XVI, pasan unos doscientos cincuenta  años para que vuelva a tener noticia de alguno de mis ancestros. En los últimos años del siglo XVIII debieron nacer, ya en la Alcarria, y cada uno por su lado, D. Bernardo Sendín y Dña. Josefa Carabaño, de cuyo matrimonio vino al mundo en Buendía y en 1820, D. José Sendín y Carabaño, quien casa con María Dolores García Hidalgo, hija de Gregorio García Hidalgo y María Jaramillo, ambos de Alcocer, y de esta unión nacen mis bisabuelos: Juan Felipe Sendín y Gregorio Sendín García Hidalgo.

 

María Dolores y José habían nacido en el mismo año (1820), cuando se inicia, por situarlos históricamente, el trienio liberal, con el levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan que obliga a Fernando VII a jurar la Constitución de 1812. Ella vivirá hasta finales del convulso siglo XIX, viendo pasar tres reyes, dos regencias, una república, dos guerras carlistas, otra en Marruecos y el inicio de la de Cuba. Como tuvo un hijo muy metido en política, seguiría con interés, es de suponer, los avatares históricos de aquel siglo. Y su marido, José Sendín ¿Cuándo  murió?. No he podido encontrar ningún dato al respecto, ni tampoco tengo constancia de la fecha de la boda de ambos. Lo cierto y seguro es que en algún momento posterior a la muerte de su esposo, la viuda contrajo nuevas nupcias con un doncel considerablemente más joven, pues cuando ella muere, a los 75 años, el contaba 59. Este nuevo esposo era D. Juan Benito Alocén, con quien no tendría sucesión y que siempre mantuvo unas cordialísimas relaciones con sus hijos y nietos políticos. Habitaban Juan Benito y Dolores en el 79 de la calle Mayor de Alcocer, que supongo es la actual de Marisol. Esta casa tuvo siempre dos viviendas independientes y en su testamento le deja Dolores al viudo una de las dos, a elección del heredero nudo propietario, que sería su hijo Juan Felipe. La casa de Mayor 68 y 70, la deja a su hijo Gregorio, que ya vivía en ella desde su primer matrimonio y la había restaurado a su costa. Hay además en el testamento dos legados para dos nietos: María Ángeles y José, aunque este último no llegaría a heredar pues muere un año antes que su abuela. Del remanente se hacen tres partes, una de las cuales queda en usufructo vitalicio para el viudo y las otras dos, así como la nuda propiedad del usufructo se reparten por igual entre los dos hijos, Gregorio y Juan Felipe, que en ese momento tienen 45 y 48 años respectivamente. A la hora de confeccionar el cuaderno particional, los hermanos Sendín y D. Juan Benito, de común acuerdo, cambian este usufructo por una renta vitalicia de 750 pesetas anuales. Por establecer una comparación sobre el alcance de esta renta, el salario medio de un empleado de la construcción en Madrid, estaba en dicha época entre 3 y 3,55 ptas. diarias, el kilo de pan salía a 0,32 céntimos y el litro de vino a 0,78 céntimos.

Juan Benito Alocén

En esta vista aparece D. Juan Benito en 1.918, contando pues 82 años (para que luego se diga que antes se envejecía más pronto), en la puerta del oratorio de la casa de Mayor 68. El pie de foto dice “D. Juan Benito y nietos”. Me extraña un error así en el fotógrafo, pues el nieto (político) era él  y los que aparecen en la foto están en la categoría de biznietos, salvo la abuela Paz, esposa del fotografo.

 

http://jaimonides.blogspot.es/img/d.juanbenito.jpg 

Los antiguos eran tremendos

María Dolores tenía también un hermano: Anastasio García Hidalgo, de cuya vida no se nada, salvo que muere soltero y sin descendencia, dejando en herencia a su hermana el usufructo de todo su patrimonio y la nuda propiedad a los hijos de ésta. En dicho patrimonio se contaban tierras en Alcocer y en otros dos municipios de la provincia: Aldeanuela de Guadalajara y Ciruelas. ¿Qué haría mi “tataratío” por aquellos lares?. Los dos pueblos tienen características muy similares: están muy cerca de la capital, a catorce kilómetros Aldeanueva y a veinte Ciruelas. Ambos son pequeños, al menos hoy en día sobrepasan en poco los cien habitantes y se sitúan a izquierda y derecha de la vía del ferrocarril Madrid – Barcelona. Aldeanueva tiene una preciosa iglesia románico – mudéjar del siglo XIII.

 

Una nota curiosa en el cuaderno particional de María Dolores, es el extremo detalle en la enumeración y distribución de los bienes muebles, que abarcan más de ocho folios de la testamentaría por ambas caras. Se ve que habían recorrido minuciosamente cada rincón de la casa, anotando hasta los palillos de dientes. Así, en la adjudicación a D. Juan Benito se encuentran, entre otras de no mayor importancia, cosas como estas:

 

-    Dos colchones de lana y una almohada

-         Un colchón viejo

-         Una cama de hierro de criadas

-         Una escopeta de pistón

-         Un palanganero con palangana y jarro

-         Un banco con respaldo

-         Una caldera

-         Una sartén

-         Un garrafón de vidrio

-         Una colcha de seda verde

-         Unas alforjas

-         Cuatro bandejas viejas

-         Veinte libras de tocino

Mas sobre D. Juan Benito

Tenía pues D. Juan Benito, un buen porte y una buena salud, que le dio para vivir hasta los noventa años, pues había nacido en Córcoles  en 1.836 y fallece en Alcocer el 15 de Mayo de 1926. Por cierto que Juan Benito no es un nombre compuesto sino que Benito es el primer apellido y Alocén el segundo.

 

En el testamento de D. Juan Benito hay unas curiosas disposiciones que nos muestran como el ser humano quiere seguir influyendo y gobernando la vida de sus semejantes hasta mas allá de la muerte: Vivían en su casa y a su servicio dos hermanas  solteras, Juana y Matea Ayora, conocidas siempre como “la Juana y la Matea”, que contaban en ese momento 63 y 65 años, a las que deja en usufructo vitalicio dicha casa y un huerto en El Espinar, cuya nuda propiedad quedaría luego para mi madre, y las instituye además herederas de la mitad del resto de sus bienes, pero con unas condiciones algo duras:

 

Primera: han de vivir con el testador hasta su fallecimiento

Segunda: Han de permanecer solteras

Tercera: Muerto él, no habrán de entrar al servicio de ninguna otra persona

 

Del aprecio que gozaba D. Juan Benito entre los hijos y descendientes de su esposa, sirva como testimonio el siguiente párrafo de la carta dirigida por mi abuelo Manuel al Sindicato Agrícola de Alcocer con motivo de la renuncia a favor de este sindicato de la herencia de D. Juan:

 

“Esta renuncia no envuelve en modo alguno menosprecio a la voluntad del causante; antes al contrario, al hacerla nos sirve de intima satisfacción el poder afirmar de modo oficial y público nuestra SINCERA Y CORDIAL GRATITUD a quien en todo momento nos ha mostrado un cariño sin límites y a cuya memoria, en justa reciprocidad, hemos de guardar ETERNA VENERACION Y RESPETO.”

 

Y ya que sale el tema y aunque sea saltarnos ahora una generación en la cronología de este relato, quiero referirme aquí a esta donación, que no fue la única hecha por D. Manuel en beneficio del pueblo  y que algunos de sus convecinos le agradecieron luego como ya sabemos. El ofrecimiento de la donación se hace en una carta dirigida a D. Gonzalo Gonzalez  “Secretario del SINDICATO AGRICOLA DE ALCOCER”, en la que textualmente dice:

 

“Mi querido amigo: Por razones que no considero preciso dar a la publicidad estamos decididos mi esposa y yo a renunciar a la herencia de nuestro abuelo político don Juan Benito (q.e.p.d.), excluyendo de tal renuncia los legados y la participación que de derecho nos corresponde en la nuda propiedad de los bienes usufructuados por dicho señor a la muerte de mi abuela.

Ahora bien, es nuestro deseo que dicha renuncia redunde de algún modo en beneficio de los labradores necesitados de este pueblo y por ello, después de meditarlo mucho, hemos pensado ofrecer los expresados bienes a ese Sindicato Agrícola para que con el producto de los mismos pueda atender al cumplimientos de sus fines y de un modo especial a la iniciación de una CAJA DE SOCORROS Y PRESTAMOS a favor de sus socios, pudiendo servir también algunas de sus fincas de campo de experimentación para el sindicato.”

José Sendín y Carabaño

Tengo que volver atrás en el tiempo, pues he encontrado documentos que relacionan a los primeros Sendines de Guadalajara con el Señorío de Molina.

En los últimos años del siglo XVIII debieron nacer, ya en tierras de lo que actualmente es la provincia de Guadalajara pero sin poder aportar testimonio cierto del lugar exacto, D. Bernardo Sendín y Dña. Josefa Carabaño, de cuyo matrimonio vino al mundo en Buendía y en 1820, D. José Sendín y Carabaño, padre de mis visabuelos.

 

Aunque no me consta, por ahora, el lugar de nacimiento de D. Bernardo Sendín, casi puedo afirmar que fue dentro del Señorío de Molina y más concretamente en la localidad de Prados Redondos. En este pueblo, cercano a Molina y junto al río Gallo están las mejores tierras de labor de todo el señorío y en el se asentaron importantes familias que construyeron grandes casonas y palacetes, adornadas muchas de ellas con sus escudos de armas: la de los Cortés (de quienes se dice que emigraron en el siglo XVI a Extremadura y que hay indicios de que el famoso conquistador de Méjico fuera de su linaje), la de los Garcés… y entre otras, la de los Sendín, con portada y gran arco semicircular de sillería y rematada con un borroso escudo del apellido.

 

Naciera o no allí D. Bernardo, el arraigo de la familia Sendín en esa zona es evidente. En 1.887, los hermanos Juan Felipe y Gregorio Sendín promueven diversos expedientes posesorios reivindicando las propiedades de su padre D. José en diversos pueblos del Señorío de Molina, incluida su capital, expedientes que terminan en 1.889, reconociendo sus derechos hereditarios sobre los siguientes bienes rústicos y urbanos:

 

En la ciudad de Molina de Aragón: seis casa y un solar, más treinta y seis  fincas rústicas dentro del término municipal, todas ellas de muy pequeña extensión pues la más grande mide sólo dos hectáreas y media y sumando el conjunto de todas ellas llegan a unas treinta y cuatro hectáreas.

 

En Prados Redondos: dos casas, una de ellas en la calle Real que es la casona de los Sendín a que hemos hecho referencia y un sinnúmero de pequeñas parcelas rústicas sumando un total de doscientas cincuenta hectáreas cuyas reducidas dimensiones varían de las tres áreas a las cinco hectáreas.

 

En Piqueras: Una finca rustica de unas cien hectáreas y dos pequeñas de una fanega. Consta en el expediente que las llevan en arrendamiento los vecinos del pueblo, pagando una renta de sesenta y cuatro fanegas de centeno y haciéndose cargo de la contribución.

 

En Torrubia: Aquí se da la expresión mas palpable del minifundio, pues la extensión total de la propiedad heredada es de veinticinco hectáreas y está dividida entre setenta fincas.

 

En Morenilla: Ocurre algo similar, pues la propiedad abarca diez hectáreas y está dividida entre 24 fincas.

 

Todos estos pueblos se sitúan a muy corta distancia de Molina. El más lejano es Piqueras, a 47 kilómetros al sur, muy cercano al nacimiento del Cuervo y al límite con la provincia de Teruel. Es también el más alto, a 1.372 metros y  muy pequeño actualmente, pues cuenta tan sólo con 54 habitantes. Prados Redondos es el más cercano a la ciudad de Molina, de la que lo separan doce kilómetros, también en dirección sur, tiene 94 habitantes y se encuentra a 1.153 metros de altitud. Es seguramente el pueblo con más historia del contorno, si exceptuamos Molina, y no solamente por las antiguas casonas que anteriormente hemos mencionado, sino que sus orígenes parecen remontarse a varios siglos anteriores a nuestra era, a juzgar por los restos de una antiquísima necrópolis celtibérica encontrados en sus alrededores. Se conserva en Prados Redondos una reliquia de la corona de espinas que ciñeron a Jesucristo en su martirio. Le llaman la Santa Espina y fue llevada al pueblo por un noble caballero de Molina en el siglo XIV, siendo desde entonces objeto de veneración de los feligreses del arciprestazgo de Molina. Morenilla está algo más al este, a 17 kilómetros de Molina y 5 ó 6 de Prados Redondos y cuenta tan sólo con cuarenta habitantes. Torrubia, por último, se sitúa al norte y a diecisiete kilómetros de Molina, siendo un pueblo de cien vecinos y también de remotísimo origen, existiendo en sus alrededores restos de un pequeño poblado celtibérico.

 

Puesto que José Sendín nació en Buendía, tal vez D. Bernardo había abandonado para 1820 la casona de Prados Redondos, pero lo cierto es que su descendencia se fue separando de Molina y asentándose y arraigando en pueblos de la tierra de Huete. Así sucede que los nietos de D. Bernardo (Gregorio, Juan Felipe y María Angeles) que hasta 1.887 conservaban en proindiviso las propiedades que he mencionado en el señorío de Molina, se desprenden de ellas, vendiéndolas todas en conjunto en dicha fecha al presbítero D. Juan Lopez Aguás, quien, en ese momento era vecino de Puerto Rico, según consta en el documento privado suscrito a tal efecto con este señor en Madrid en Julio del mencionado año. Y lo hacen, como veremos más adelante, para generar fondos con los que comprar nuevas propiedades en el término de Alcocer.

Juan Felipe Sendín

De los dos hijos de Dña. Dolores, el primero de ambos, Juan Felipe, nacido en Alcocer en 1.847, se casó, andando el tiempo, con una señora de Gascueña, Dña. Trinidad Olarte y Sandoval, hija de  Eusebio Olarte y Juana Sandoval,  igualmente naturales de Gascueña pero con residencia en Huete. Juan Felipe y Trinidad tuvieron tres hijos: Gregorio, Ángeles y Manuel Sendín Olarte; este último resulta ser mi abuelo, tras casarse con su prima Paz, hija de su tío carnal Gregorio Sendín García Hidalgo.

 

Mi bisabuelo, Juan Felipe, se licenció en Derecho y estuvo desde muy joven metido en política, llegando a ser Senador del Reino en cuatro legislaturas. Entra por primera vez en el Senado a una edad muy juvenil, pues fue en las elecciones del 2 de Abril de 1872, contando 25 años. Vivió pues en primera fila el último año del reinado de D. Amadeo de Saboya, con el partido radical en el poder, liderado por el progresista Manuel Ruiz Zorrilla. Época convulsa, con la tercera guerra carlista en la península, insurrección en Cuba y las Antillas, levantamientos republicanos y algarabía política en general, que acaba con la paciencia de D. Amadeo, el cual dimite finalmente en la primavera del 73, dejando el camino abierto a la primera república. Esta primera etapa como senador fue, por lo tanto, breve, pues con la marcha del rey extranjero se disuelven las Cortes y D. Juan Felipe no vuelve a aparecer en las listas del Senado hasta enero de 1889, participando en una etapa parlamentaria de importante contenido legislativo, por el desarrollo de temas clave previstos en la Constitución de 1876, como el sufragio universal, la ley del Jurado y la ley de Asociaciones. También se promulga, durante esta etapa legislativa el Código Civil, que, aunque con numerosas reformas, continua vigente hasta nuestros días. Se había producido la restauración monárquica unos años antes y ocupaba la regencia Dña. María Cristina, con un gobierno liberal presidido por Sagasta. Finalmente, su última etapa como senador es en la legislatura de 1893 a 1895, tras la cual le pierdo la pista. Siempre se presentó a las elecciones como candidato por Cuenca. Entre mis mayores cundía el rumor de que en su última etapa en este valle de lagrimas se volvió loco “por tanto pensar" ó "de tan listo como era"  añadían a veces.

Prados redondos

Estos datos proceden de la Web de Molina de Aragón y no están muy actualizados, pues en mi visita a Prados Redondos el pasado domingo 13 de mayo de 2007, no había en el pueblo más de catorce o quince personas y el cura, que había venido de Molina a decir misa. La Iglesia es muy bonita y se encuentra en excelente estado de conservación. Los dos retablos barrocos y los frescos de las bóvedas parece como si hubieran sido restaurados hace poco, pero nos dicen las dos feligresas que nos la enseñan que no se han tocado y que su estado es el original. Una de ellas es familia de los dueños actuales de la casona de los Cortés, por lo que pegamos la hebra y nos enseña la casa, cuya fachada es la de la foto que a continuación se incluye en primer lugar.

 

La casona de los Sendín no sabe ubicarla, pero si la de los Garcés, que visitamos a continuación, hablando con su actual propietario, cuyo padre había sido el administrador de la familia Garcés y les compró la hacienda, incluida la casa. Este hombre, de unos cincuenta y tantos años, también tiene memoria de la familia Sendín, “por oídas”, aunque tampoco sabe, a ciencia cierta, cual sería su casa; “si su padre viviera, a buen seguro lo sabría”.  La siguiente foto corresponde a la fachada de la casa de los Garcés.

 

Otras tres personas que abordamos en la calle no saben tampoco darnos explicación, aunque todas han oído hablar de la casa de los Sendín. “De todos modos  - nos dice uno – Aquí, casas buenas de verdad sólo hay tres y si dos de ellas ya están identificadas, sólo queda la del ingeniero, que es aquella que se ve al fondo”. Al fondo, efectivamente, hay una buena casa, pero no tiene el escudo familiar que  en la página Web del señorío de Molina se menciona. Es la casona que se conserva en mejor estado, porque está restaurada y se ve que se habita, aunque solo en vacaciones y algún fin de semana cuando viene su propietario actual, del cual no saben darnos más referencia. Según parece en el pueblo no habita realmente, entre semana,  más que una familia, viviendo el resto en Molina, Madrid ó Zaragoza.

 

La tercera de las fotos, es pues la posible casa de los Sendín, aunque no es muy seguro y la cosa merece nuevas y más concienzudas investigaciones.

 

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El hidalgo Antón García

En Abril del 2007, escribí en este blog sobre los orígenes remotos conocidos de la familia Sendín de Guadalajara, remontándome a Francisco Sendín, vecino de la villa de Yepes y al pleito por ejecutoria de hidalguía que tuvo contra el Concejo de dicha villa  a mediados del siglo XVI. Tiene guasa que hayan pasado tres años sin haber movido un dedo para ampliar esta historia. Me avergüenzo y pido perdón por mi vagancia e incompetencia.

 

Pues bien, el padre de este Francisco Sendín, según se cita en el mismo dicho pleito de ejecutoria, se llamaba Antón García, vecino de un lugar perteneciente a la villa de Ledesma (Salamanca) denominado Villarino. La villa de Ledesma pertenecía al Duque de Alburquerque, al que se hace referencia en la Ejecutoria, desde que le fue cedida por Enrique IV en 1.462, nombrándole primer Conde de Ledesma.

 

Este Antón García casó con Catalina Sendín, hija de un vecino de Ledesma llamado Juan Sendín y tuvieron tres hijos legítimos:

 

             Francisco Sendín               Antón García                   y  Juan Sendín

 

Las diferencias de apellidos entre los tres hijos del mismo matrimonio y que Francisco Sendín no lleve como primer apellido el García de su padre no son de extrañar pues parece que durante toda la edad media y el renacimiento reinaba una gran anarquía en la imposición de apellidos. Para unos hijos se usaba el del padre, para otros el de la madre o de un abuelo ó el de algún pariente o padrino. Esto ha dificultado enormemente, incluso para expertos genealogistas, el seguimiento de dinastías familiares. La anarquía en este punto fue la norma hasta la llegada del rey ilustrado Carlos III que estableció el sistema que sigue vigente por ahora. Ejemplo tenemos en la célebre familia de los Mendoza: del matrimonio formado por el marqués de Santillana, D. Iñigo Lopez de Mendoza y Dña Catalina Suarez de Figueroa nacieron diez hijos, pues bien, sólo uno lleva el nombre y apellidos de su padre (Iñigo Lopez de Mendoza), tres el de su abuelo paterno (Diego, Pedro y Juan Hurtado de Mendoza), uno el de su madre (Lorenzo Suarez de Figueroa), otro el de la abuela paterna (Pedro Lasso de la Vega), etc.

 

Es el caso que Antón García (el padre) había servido bien y fielmente a los Reyes Católicos como montero  y en agradecimiento la hija de estos Juana de Castilla (Juana la loca) le concedió en 1511 el privilegio de fijodalgo  “para el y para sus descendientes legítimos, los que ahora tenga o los que oviere en adelante, para siempre jamás” . Copia del documento original se presentó autorizada con el sello del emperador Carlos y expedida en 1542, en el pleito de Ejecutoria al que nos venimos refiriendo. Este privilegio eximía a los hidalgos o “fijodalgos” de la obligación de pagar la mayor parte de los impuestos y contribuciones, “privilegio de no pechar ni contribuir en los pechos ni derramas reales ni concejales” por lo que era normal que los titulares de tal derecho lo reclamaran con ahínco cuando se les negaba por parte de las autoridades.

 

De los tres hijos de Antón García es Francisco Sendín quien promueve el pleito pues parece ser  que habiéndose instalado en Yepes (Toledo), con motivo de su boda con la hija de un vecino de dicha localidad llamado Juan Serrano, se le niega por parte del Concejo de la villa de Yepes el privilegio de hidalguía, dado que esta villa de Yepes, también por privilegio real, era gobernada por el Estado Llano de modo que en su Concejo los hidalgos no tenían parte.

 

Yepes era por aquel entonces una población importante, de 4 ó 5.000 habitantes, con un alcázar, varios conventos, tres hospitales, casas solariegas…, al punto que en ese siglo XVI y el XVII se la conocía con el apelativo de “Toledillo”. De allí procedía gente importante de la época…  y entre sus muros se firmaron los esponsales de los RR Católicos. Situada en el noreste de la provincia de Toledo, dista de Ledesma unos 300 kilómetros (La ruta podría ser: Ledesma – Salamanca – Peñaranda de Bracamonte – Ávila – San Martín de Valdeiglesias - Illescas – Yepes) y de Molina, lugar donde reaparecen los Sendines dos siglos más tarde, algo más de 200 (Yepes – Villarejo de Salvanés – Pastrana – Alcocer – Villanueva de Alcorón – Molina), calculando las rutas por caminos de a pie o a caballo.

 

¿Por qué aparece el hijo de Antón García en Yepes? ¿Es solo el matrimonio el motivo de su migración? ¿Cuándo y donde conoció a la hija de Juan Serrano? ¿En que momento y por qué motivos se mueve alguna rama de los Sendines desde Toledo a Guadalajara?. Ya me gustaría saberlo.

 

El pleito se llevó en la ciudad de Granada. Representaba a Francisco Sendín el procurador Gastón de Caicedo y al Concejo de la villa de Yepes, Antón Perez, interviniendo asimismo el fiscal de su majestad D. Luis de Bracamonte. La sentencia final se pronuncia el 2 de agosto de 1544, dando por bien probados los argumentos de Francisco Sendín y por no probadas las exenciones reclamadas por el Concejo de la villa de Yepes.

El tenor literal de la sentencia, con su ortografía original, dice así:

Dicho pleito fue concluso definitivamente e por los dichos nuestro presidente y oidores, vistos los autos e méritos del, dieron e pronunciaron en el sentencia definitiva, su tenor de la cual es este que sigue: Nel pleito que es entre Francisco Sendín, vecino de la villa de Yepes e Gastón de Caicedo su procurador en su nombre de la una parte, el licenciado Luis de Bracamonte fiscal de su majestad en esta corte e chancillería y el concejo de alcaldes regidores oficiales e homes buenos de la villa de Yepes y Antón Perez su procurador en su nombre de la otra XXXXX&XXXXX Allamos que la parte del dicho Francisco Sendín provó bien e complidamente su petición y demanda y la damos y pronunciamos por bien provada e que la parte de los dichos fiscal de sus majestades y concejo de la dicha villa de Yepes no provaron sus exenciones.

Debemos pronunciar y declarar y pronunciamos y declaramos al dicho Francisco Sendín por Ome Hijodalgo conforme al privilegio por su parte ante nos en el dicho pleito presentado, el cual mandamos que vaya ynserto e yncorporado en la Carta ejecutoria de sus Majestades que de nuestra sentencia se diere, e que al dicho Francisco Sendín le sean guardadas todas las honrras franquezas y libertades de que conforme al dicho privilegio debe gozar y si contra el tenor y forma del el dicho concejo de la villa de Yepes y vecinos y moradores de la dicha villa algunos maravedís o prendas an tomado o llevado al dicho Francisco Sendín se las buelvan y restituyan libremente y sin costa alguna del día que con la Carta ejecutoria de esta nuestra sentencia fueren requeridos hasta nueve días primeros siguientes. E por algunas causas e razones que a ello nos mueven no hacemos condenación de costas contra ninguna de las dichas partes y por esta nuestra sentencia definitiva juzgando ansí lo pronunciamos y  mandamos a dos días del mes de agosto de mil e quinientos e cuarenta y quatro”

El Concejo de Yepes una vez conocida la sentencia la recurrió en súplica, basándose en dos argumentos:

-         Que no se había tenido en cuenta que cuando se concedió el privilegio a Antón García, Francisco Sendín “ya era nacido y así no le alcanzaba el tal privilegio”

-         Que al llegar a Yepes, Francisco Sendín se había empadronado en el padrón  “en que los otros hombres buenos pecheros se acostumbraban a sentar y empadronar y había pechado y pagado maravedís…”  por lo que, de tenerlo,  habría perdido el privilegio.

Pero algo debió ocurrir que no consta en el documento, para que a los pocos días de presentada esta súplica “Ayuntados en el Ayuntamiento a toque de campana, alcaldes, regidor y jurados del Concejo…”  dan de nuevo poderes a su procurador Antón Perez para que desista de la súplica, como así lo hace.

Y así termina el pleito.

Cabe añadir a estos antecedentes remotos de la familia Sendín, que, con gran probabilidad, los antepasados y descendientes de aquel Juan Sendín que no marcharon de Ledesma, procedían y permanecieron en el noroeste de la península, pues de las 1.067 personas que hoy en día aparecen censadas con el apellido Sendín en España, el 60% se dan en el radio Galicia – Salamanca – Madrid. El mayor número de censados se da todavía en Salamanca (240), seguidos por Madrid (189) y Pontevedra (182).

Acerca de jaimonides

narra la vida de San Jaimonides y sus antecedentes familiares desde el siglo XVIII

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